EL PROCESO DE LA TRANSFORMACIÓN ¿Para adelante o para atrás?


Por Alberto Guida

Nada es para siempre, ni la estabilidad de los países, ni los formatos comerciales, ni la fidelidad de los consumidores.


El contexto comercial actual demanda una actualización permanente de los cambios de hábitos, los cuales ya no se generan por ciclos generacionales, sino globales, el primero por el desarrollo tecnológico apoyado en la telefonía, el segundo impacto por la innovación de diseños y servicios y finalmente podemos considerar el desarrollo del concepto de calidad de vida contrapuesto con la dificultad de tiempos para movilizarse y la suma de un mundo más inseguro, lo que potencia la proximidad. Sobre esto se plasman las diferentes economías históricas o coyunturales de los diferentes países que tienen una incidencia directa en las conductas de los compradores.


Argentina no escapa a este contexto, ni a ninguna de todas las variables mencionadas, si coyunturalmente agrega el matiz de cien años de inestabilidad económica donde todavía no ha sido posible establecer una agenda país con un acuerdo que fije pautas de largo plazo en educación, salud y seguridad, por lo cual obviamente si éstas no han sido prioridades, menor importancia ha tenido la actividad comercial.


Pensar hoy en generar un orden, implica una gestión entre modelos contrapuestos, los que se han generado a lo largo de estos años. Uno, el que el mundo capitalista adopta en su mayoría y el que implica pagar costos competitivos, donde el nivel de desvíos que existe en esto depende exclusivamente de la capacidad de gestión política, la cual en nuestro caso ha sido inexistente.


El otro modelo más independiente, es excluirse del contexto y generar un proceso nacionalista (desarrollo de la economía interna) al que hay que alimentar con recursos genuinos, con el agravante de que la mayoría de los países que lo intentan, producen un aislamiento que les impacta en su propia economía, lo que provoca en un plazo determinado un círculo vicioso y falta de recursos. Pero en Argentina particularmente la alternancia de estos modelos y las vicisitudes económicas han desarrollado una capacidad de gestión particular que aprendió a convivir y superarse en ambos escenarios, me refiero al MODELO ESPECULATIVO y que es la mayor dificultad a vencer por tener una participación dominante.


No hay dudas de que los procesos han generado distorsiones de todo tipo en las estructuras de costos, pero esto no debería implicar cambios en los objetivos de rentabilidad. Sin embargo proporcionalmente a los aumentos de costos crecieron los objetivos de rentabilidad, a tal punto que algunos márgenes en u$s de productos multinacionales en Argentina son superiores a la media corporativa de una empresa determinada. Pongo el ejemplo de las grandes empresas multinacionales, como la última posibilidad ética de acceso a ese tipo de prácticas, lo que implica no pensar en las actividades comerciales de nuestro propio entorno.


Por lo cual el desafío de la transformación de pasar a ganar LO QUE CORRESPONDE, no es el mensaje adecuado para el MODELO ESPECULATIVO argentino, sino implica ganar menos.


¿Y nace el gran debate sobre el MODELO DE LA DISTRIBUCIÓN EQUITATIVA DE LA RIQUEZA...?¿Desde qué base medirlo?, ¿la actividad, el conocimiento, la capacidad, el capital invertido? Podemos decir que estos no son parámetros aceptables porque somos todos iguales... los que trabajan, los que no trabajan, los responsables, los irresponsables, los decentes, los indecentes, lo que suena inaceptable.


En mi apreciación personal no tenemos definidos los modelos, por lo cual no sabemos lo que queremos. Somos como una empresa sin VISIÓN ni MISIÓN..